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Así es Android L funcionando en un Samsung Galaxy S5

  • El nuevo firmware está cerca de ser liberado para todos los usuarios de Android
  • Hoy podemos ver un vídeo de Android L funcionando en un samsung Galaxy S5 publicado por Sammobile
  • Los principales cambios respecto al firmware anterior se encuentran en las apps de sistema, notificaciones y animaciones
Así es Android L funcionando en un Samsung Galaxy S5
Han pasado meses desde que Google nos ofreciera los primeros datos de lo que será su nuevo sistema operativo para móviles y tablets, conocido por el momento como Android L.
Ahora, el nuevo firmware está cerca de ser liberado para todos los usuarios de Android, Sammobile ha publicado un vídeo donde podemos ver como funcionan las nuevas notificaciones, la multitarea y el renovado diseño del sistema en un Samsung Galaxy S5 con TouchWiz.
Esta no es la primera vez que hemos visto Android L en acción, sin embargo, es la primera vez que lo vemos funcionando junto a la capa de personalización de Samsung y en un teléfono "ajeno a Google".
Android L
También es uno de los vídeos de Android L más completos que hemos visto en meses, lo que nos hace intuir que la versión del software que aparece en el clip de Sammobile está muy cerca de parecerse a lo que será la versión final de Android L que será liberada en las próximas semanas.
Aunque ya en la misma pantalla de bloqueo se advierten ligeros cambios, no esperes encontrar una gran revolución estética en la interfaz del nuevo Android, ya que los iconos, menús no son muy diferentes a las que podemos encontrar en un dispositivo con Android 4.4 KitKat instalado.
Sin embargo, a la hora de entrar en aplicaciones nativas del sistema, como los contactos o la galería, si se aprecian novedades gráficas evidentes.
El vídeo también permite comprobar como funciona el nuevo sistema de notificaciones, las renovadas animaciones y hace intuir un cambio de colores en TouchWiz, pasando de los tonos azules de la actualidad a unos colores más blancos.





LANZAMIENTO DEL HAWEI G730










El sistema cuenta con un poderoso procesador Quad Core de 1.3 Ghz, pantalla de 5.5’’ multitouch, conectividad 3.5G, Bluetooth 4.0 y WiFi N.
G730
Huawei, uno de los líderes mundiales en la creación de soluciones de comunicación móvil para las personas, presenta oficialmente su nuevo Smartphone Ascend G730, pensado para aquellos usuarios que requieren de un sistema con una gran pantalla, poder de procesamiento y alta disponibilidad de conexión.
El Ascend G730 cuenta con un display capacitivo multitouch de 5.5’’, con alto poder de brillo, resolución de 960×540 y una densidad de 200ppi.
Su cámara trasera es de 5 megapixeles, con flash LED y graba video en HD 720p a 30 cuadros por segundo, lo que se suma a una cámara frontal tipo VGA.
En cuanto a sus capacidades, posee sistema operativo Android 4.2.2 y un completo reproductor multimedia para música y películas. Su interfaz está basada en la aclamada “Emotion UI 2.0”, la que junto con permitir un acceso más rápido y organizado a widgets y aplicaciones a través de íconos, también cuenta con una interfaz dual basada en “taps” costumizables, lo que permite una administración aún más simple.
Internamente el Phablet Ascend G730 viene equipado con un poderoso procesador de cuatro núcleos MediaTek MT6582 basado en arquitectura ARM Cortex A7, y en gráficos cuenta con un acelerador Mali-400 MP2 de 500Mhz. Su memoria Ram es de 1 GB, tiene 4 GB de almacenamiento interno y capacidad para una tarjeta MicroSD de hasta 32GB.
En conectividad, el sistema soporta redes 3.5G, lo que permite velocidades de bajada de hasta 21mbps. También posee Bluetooth 4.0 y WiFi B/G y N, más posibilidad de configuración de red compartida mediante Hotspot y DLNA.
Además de poseer sensores de proximidad, luz ambiental y acelerómetro, el sistema permite la escritura del tipo “swype”, propio de Huawei.
En cuanto a diseño, el Ascend G730 se muestra como un modelo balanceado, fácil de usar con una sola mano, con materiales de máxima calidad y como es tradicional, tiene abertura en la carcasa trasera para acceder a su batería removible de 2300 mAh, Sim Card y tarjeta de almacenamiento.
En cuanto a sus capacidades, posee sistema operativo Android 4.2.2 y un completo reproductor multimedia para música y películas. Su interfaz está basada en la aclamada “Emotion UI 2.0”, la que junto con permitir un acceso más rápido y organizado a widgets y aplicaciones a través de íconos, también cuenta con una interfaz dual basada en “taps” costumizables, lo que permite una administración aún más simple.
Internamente el Phablet Ascend G730 viene equipado con un poderoso procesador de cuatro núcleos MediaTek MT6582 basado en arquitectura ARM Cortex A7, y en gráficos cuenta con un acelerador Mali-400 MP2 de 500Mhz. Su memoria Ram es de 1 GB, tiene 4 GB de almacenamiento interno y capacidad para una tarjeta MicroSD de hasta 32GB.
En conectividad, el sistema soporta redes 3.5G, lo que permite velocidades de bajada de hasta 21mbps. También posee Bluetooth 4.0 y WiFi B/G y N, más posibilidad de configuración de red compartida mediante Hotspot y DLNA.
Además de poseer sensores de proximidad, luz ambiental y acelerómetro, el sistema permite la escritura del tipo “swype”, propio de Huawei.
En cuanto a diseño, el Ascend G730 se muestra como un modelo balanceado, fácil de usar con una sola mano, con materiales de máxima calidad y como es tradicional, tiene abertura en la carcasa trasera para acceder a su batería removible de 2300 mAh, Sim Card y tarjeta de almacenamiento.

Kevin Wang, director de Huawei Device comentó que “estamos felices de lanzar al Ascend G730 en Chile, el que destaca por contar con un gran poder de procesamiento, pantalla acorde a las necesidades actuales y un precio de entrada que permitirá que la compañía siga democratizando el acceso a tecnología de calidad”. El Huawei Ascend G730 iniciará su venta en tiendas de retail en la modalidad de prepago.


Lenovo debuta con sus smartphones en el país






Lenovo debuta con sus smartphones en el país


El fabricante chino, un jugador de peso en el mercado de PC, entra a competir con tres referencias de teléfonos inteligentes.
Por NATALIA ESTEFANÍA BOTERO | Publicado el 24 de abril de 2014
Los colombianos son "sofisticados consumidores y saben qué quieren en cuanto a tecnología", dice Dan Stone, vicepresidente de Lenovo Latinoamérica, quien estuvo en Medellín conociendo otras plazas de uno de los principales mercados para el fabricante chino, que, desde hoy, debuta en el terreno de los teléfonos inteligentes con tres referencias de equipos, el Vibe X, el S820 y el A369i.

"Si miras a otros fabricantes de hardware en el mercado, ellos están ocupados convirtiéndose en compañías de servicios o de medios, entre otros. Nosotros amamos nuestros equipos, somos jugadores en el terreno de los dispositivos tecnológicos y continuamente innovamos".

En esta línea, enfatiza la tradición de un fabricante, que incluso antes de la adquisición de Motorola Mobility, ocupaba el tercer lugar como el mayor fabricante de teléfonos móviles en el mundo. Producen 60 millones de celulares al año, en tanto que Motorola despacha 20 millones.

"Nos enfocamos en las oportunidades. Motorola tiene una importante presencia especialmente en las Américas y en los mercados emergentes. Somos complementarios desde el punto de vista de mercados y portafolios".

Asegura que ambas compañías comparten una herencia importante en el área de la ingeniería. Motorola cuenta con importantes patentes en telefonía (Martin Cooper es considerado el inventor del celular mientras trabajaba para Motorola), y Lenovo adquirió en 1984 la unidad de PC personales de IBM. Aclara que por ahora cada uno conservará la marca, en tanto finalizan las debidas diligencias, que implican la adquisición.
La anunciada oferta en el mercado colombiano aterriza con equipos de entrada y gama alta. En este último segmento se sitúa el Vibe X, que apuesta por ser muy delgado, con 121 gramos de peso y 6.9 mm de espesor, con una pantalla de 5 pulgadas, de alta resolución, y cámara frontal de 13 megapixeles.

Todos los equipos están basados en Android. De hecho, cuando se hizo pública la adquisición,Larry Page, CEO de Google, indicó que Lenovo tiene la experiencia y escala para llevar a Motorola Mobility "a convertirse en un gran jugador dentro del ecosistema de Android".

Stone también indicó que prevén entrar al país con una marca propia llamada CCE, una compañía de origen brasileño que el gigante adquirió y cuyo proceso de integración estuvo a cargo del ejecutivo.







NOTICIA


La idea, según expertos, es prevenir desastres como el de la cinta 'Gravity'

Científicos australianos proponen golpear la chatarra espacial, potencialmente peligrosa, con rayos láser para que caiga en la atmósfera terrestre, donde se desintegraría.
"Queremos limpiar el espacio para evitar el riesgo creciente de colisiones y prevenir los tipos de sucesos que cuenta la película 'Gravity'", declaró el responsable del centro de investigación astronómica y astrofísica de la Universidad nacional de Australia, Matthew Colless.
Un nuevo centro de investigación con la participación, entre otros, de la NASA comenzará a trabajar a mediados de 2014 para aislar los desechos espaciales más pequeños y prever su trayectoria gracias al observatorio de Mount Stromlo, en Canberra.
El objetivo es desviar estos restos (satélites fuera de servicio, cuerpos de cohetes,...) de su trayectoria golpeándolos con rayos láser desde la Tierra. Esto les obligaría a ralentizar su movimiento y a caer en la atmósfera, donde se prenderían fuego hasta desintegrarse.
El responsable del nuevo centro, Ben Greene, juzgó probable también "una avalancha catastrófica de colisiones (de restos), que destruya rápidamente todos los satélites".
La agencia espacial estadounidense y la Agencia Espacial Europea (ESA) registraron más de 23.000 desechos de más de 10 cm, en su mayoría, en órbitas bajas (por debajo de los 2.000 km). Los restos de entre 1 y 10 cm se cuentan por cientos de miles.
La película "Gravity", ganadora de siete premios Oscar, narra la historia de dos astronautas perdidos en el espacio tras la colisión de su transbordador espacial contra chatarra espacial.
Sídney (AFP).

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Funes el memorioso es un personaje de Borges que lo memorizaba absolutamente todo. Su memoria tenía tal profundidad, y tal nivel de detalle, que le permitía recordar, por ejemplo, “las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos” y compararlas, sin margen de error, con las que había visto en otros miles de amaneceres. Este don inventado, o quién sabe si atestiguado, por Borges, le llegó a Ireneo Funes a raíz de que se cayó de un caballo y se quedó tullido, pero a cambio le brotó una memoria prodigiosa. “La inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles”, nos cuenta el narrador y la imagen nos remite a esos hombres del siglo XXI, sentados, e inmóviles, frente a una pantalla de ordenador, con una memoria infalible de gigabytes, que disfrutan, como Funes, de una realidad mejorada, más precisa y brillante; esa realidad que los que seguimos con un pie en el siglo XX nos empeñamos en llamar “virtual”, sin darnos cuenta de que ya empieza a ser más real que la realidad, digamos, clásica.
En Japón, un país que por estar más hacia el futuro que nosotros deberíamos mirar con mucha atención, el sexo va cayendo en desuso. Las estadísticas indican que el 61% de los hombres no casados, y el 49% de mujeres, entre los 18 y los 34 años, no tienen ningún tipo de relación sentimental y, además, un tercio de las personas que tienen por debajo de 30 años nunca han salido con nadie del sexo opuesto. Según el mismo estudio, que publicó el diario inglés The Guardian, el 45% de las mujeres que tienen entre 16 y 24 años no están interesadas en el sexo o directamente lo desprecian. En general, de acuerdo con lo que apuntan estos números, el sexo físico interesa cada vez menos a la población japonesa menor de cuarenta años. Se ha especulado mucho sobre las causas de esta inapetencia colectiva, que ya ha sido sintetizada en el vocablo sekkusu shinai shokogun (síndrome del celibato), pero ninguna la explica del todo; se apunta a la carestía de la vida en Japón, que impide vivir en pareja y, por supuesto, tener hijos, pero también se dice que el tsunami hizo ver de golpe a la juventud japonesa que las relaciones personales son efímeras, porque está visto que pueden acabarse en la siguiente ola. La carestía y el tsunami explican la aprensión ante el futuro, pero no la inapetencia sexual porque el sexo, precisamente, suele ser un acto urgente que no admite consideraciones que vayan más allá del tiempo presente.
Otra de las causas que se apuntan es que los sucedáneos del sexo, todas las variantes del sexo virtual, comienzan a ser más apetecibles que el sexo real. Esto, visto desde nuestro lejano siglo XX, puede parecer una barbaridad pero, a la luz del abrumador éxito que tiene el sexo on line, tendremos que admitir la posibilidad de que hay quién encuentre farragoso el sexo físico, porque está siempre trufado de compromisos y malentendidos, y además hay que invertir en él mucho tiempo y con frecuencia dinero, a diferencia del sexo virtual, o metafísico, que produce satisfacción sin compromisos y, sobre todo, que puede controlarse completamente, cosa que no sucede con el sexo clásico, que es normalmente incontrolable.
Al ciudadano del siglo XXI le gusta tener el control absoluto, en la era de la seguridad y la salud, donde el máximo valor es estar a salvo de las enfermedades y los accidentes, el sexo virtual es un territorio seguro, como lo es beber cerveza sin alcohol, café sin cafeína y leche deslactosada, o fumar cigarrillos sin tabaco ni nicotina. La cosa real está siempre fuera de control y lo que puede controlarse es el sucedáneo.

El sexo físico interesa cada vez menos a la población japonesa menor de cuarenta años
Lo del sekkusu shinai shokogun japonés puede parecer monstruoso, pero no lo es menos esa nueva tendencia occidental a preferir la imitación que, desde cierto ángulo, es también un síndrome del celibato; la tendencia del hombre contemporáneo a vivir sin mácula, en un ambiente de pureza en el que los venenos del milenio anterior han sido sustituidos por sustancias inocuas, por vicios virtuales. Existe una sintonía entre la compulsión por la salud y la seguridad, y la posibilidad de control total que nos ofrece el universo, brillante y perfecto, que desfila por las pantallas.
El ciudadano del siglo XXI ya no tiene álbum de fotos, sino miles de fotografías en la memoria de su ordenador. Tampoco se expone a los caprichos de los programadores de la televisión porque mira lo que quiere, cuando quiere, en su tableta, ni tiene que soportar las excentricidades de los músicos porque no compra discos completos, solo los pedazos que le gustan y que se avienen con la edición personal de obras electrónicas que colecciona en su iPad: una edición de la cosa original que él pueda controlar con mucha más facilidad.
La cosa real está fuera de control y estar expuestos a la realidad sin filtros es un asunto de los promiscuos del siglo pasado.
Mirar el mundo y registrarlo a través del ojo electrónico de la cámara o del teléfono, para después publicarlo en una red social, o mirarlo en la intimidad, o simplemente para tener las imágenes almacenadas, es una costumbre que empieza a convertirse, a una velocidad vertiginosa, en una forma de vida. En el espectáculo infantil de fin de año de cualquier colegio, todos los padres, casi sin excepción, miran a través del ojo electrónico del teléfono y registran cada movimiento de su hijo en una serie de decenas de fotografías: en lugar de mirar y recordar, fotografían cada instante y así controlan el recuerdo; en vez de la memoria de toda la vida echan mano de los gigabytes de su tarjeta de memoria, y lo mismo pasa, con distintas intensidades, en un estadio de futbol, en el discurso de una figura pública o durante un vistoso atardecer, no memorable sino fotografiable.
Esta manía de fotografiarlo todo ha dado origen a los lifeloggers, esas personas que van haciendo un diario fotográfico de todos los instantes de su vida, con una cámara que se cuelgan al cuello, o enganchan al bolsillo de la camisa. La cámara va haciendo automáticamente varias fotografías por minuto y al final del día, antes de echarse a dormir, el autor de este minucioso diario visual puede revisar para ver la cara de alguien con quién habló, la matrícula de un automóvil que estaba en tal esquina, o las nubes del atardecer que el Funes de Borges memorizaba sin ayuda de la tecnología.

Nos acercamos a gran velocidad a ese mundo de pureza, donde no hay sitio para el pensamiento
Los lifeloggers tienen una vida paralela, una vida célibe y totalmente controlada, archivada en esos millones de fotografías que son el registro minucioso de cada uno de sus días, en tiempo prácticamente real. Pero hay otros que llevan la cámara en las gafas, y que además de fotografiar, o hacer un vídeo, de cada instante del día, podrán, muy pronto, invertir el proceso: proyectar, en vez de fotografiar, para cambiar el aspecto de las cosas, el color de una pared, la textura del suelo y, con el tiempo, los rasgos de la mujer amada o los miembros del propio cuerpo. Todo sucederá exclusivamente en las gafas y sin embargo, a pesar de su virtualidad, sucederá. La máxima “ver para creer” está a punto de llegar a su límite: si lo veo ¿existe?
El narrador del cuento de Borges nos da una pista cuando dice: “sospecho, sin embargo, que (Funes) no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer”. Vamos entrando pues a la era de Funes, en la que el almacenamiento de imágenes y datos en la memoria es más importante que el pensamiento. El pensamiento es sucio, caótico y desordenado, y encima echa mano de la memoria, que es caprichosa y tornadiza, y tiende a magnificar o a minimizar los recuerdos. Tenemos ya un pie en la nueva era, nos acercamos a gran velocidad a ese mundo de pureza, de vicios inocuos, de sexo sin contacto, de memoria electrónica al detalle, un mundo en el que los gigabytes irán quitando espacio al pensamiento.
Jordi Soler es escritor. @jsolerescritor
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